El perdón

El perdón

En nuestras Constituciones se nos habla del perdón como respuesta a un mandato evangélico:

63 Reconocemos que la vida fraterna es un desafío permanente para todas las hermanas y que en ella se dan desencuentros, dificultades en las relaciones interpersonales y otros hechos que rompen la comunión; nos comprometemos a ejercitar el mandato evangélico de perdonar las ofensas cuando las hubiere, lo que se logrará como fruto de la oración y de la caridad fraterna.

En el libro de Monseñor Francisco Ugarte Corcuera, “Del resentimiento al perdón” nos ayuda a reflexionar sobre este tema tan delicado.

Por qué perdonar

Por qué perdonar, si es tan difícil perdonar, al menos ciertas ofensas, ¿qué necesidad tenemos de hacerlo?; ¿vale la pena?, ¿qué beneficios trae consigo el perdón?; en definitiva, ¿por qué habremos de perdonar?

El primer motivo que probablemente vendrá a la mente es que, cuando perdonamos, nos liberamos de la esclavitud producida por el odio y el resentimiento, para recobrar la felicidad que había quedado bloqueada por esos sentimientos. Algo que ayudaría muchísimo es darme cuenta que sentir el resentimiento hacia otra persona, he depositado mi felicidad en las manos de esa persona. Le he conferido un poder muy real hacia mí. Volveré a ser libre cuando tome en mis manos la responsabilidad de mi propia felicidad.

Esto normalmente quiere decir que debo perdonar a la persona que resiento. Debo liberar a esa persona de la deuda real o imaginaria que me debe y debo liberarme a mí mismo del elevado precio del constante resentimiento.

También tiene mucho sentido perdonar en función de nuestras relaciones con los demás. Las diferencias con las personas que tratamos y queremos forman parte ordinaria de esas relaciones. Algunas veces, tales diferencias pueden convertirse en agravios, que duelen más cuando provienen de quienes más queremos: los padres, los hijos, el propio conyugue, los amigos o las amigas. Si existe la capacidad y disposición de perdonar, estas situaciones dolorosas se superan y se recobra el amor a la amistad. En cambio, sino se perdonan, el amor se enfría o, incluso, puede quedar convertido, en odio; y la amistad, con todo el valor que encierra, puede perderse para siempre.

Además de estos motivos humanos para perdonar, existen rezones que podríamos llamar sobrenaturales,porque derivan de nuestra relación con Dios. De ninguna manera se contraponen a las anteriores, sino que las refuerzan y complementan. Hay algunas situaciones extremas en las que los argumentos humanos resultan insuficientes para perdonar, y entonces, se hace necesario recurrir a este otro nivel trascendente para encontrar el apoyo que falta. ¿Cuáles son estas razones?

Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle o de ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle, Él nos puede perdonar si nos arrepentimos, pero para ella ha establecido una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos haya agraviado. Así lo repetimos en la oración del padre nuestro:”Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Podríamos preguntarnos porque Dios condiciona su perdón a que nosotros perdonemos y, aún más, nos exige que perdonemos a nuestros enemigos incondicionalmente, es decir, aunque éstos no quieran rectificar. Lógicamente Dios no pretende dificultarnos el camino y siempre quiere lo mejor para nosotros. Él desea profundamente perdonarnos, pero su perdón no puede penetrar en nosotros sino modificamos nuestras disposiciones. Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, se endurece y se lo hace impenetrable al amor misericordioso del Padre. Dios respeta nuestra libertad. Condiciona su intervención a nuestra libre apertura para recibir su ayuda. Y la llave que abre el corazón para que el perdón divino pueda entrar es el acto de perdonar libremente a quien nos ha ofendido, no sólo alguna vez, aisladamente, sino incluso de manera reiterativa.

Porque tal vez no es tan difícil perdonar sólo una gran ofensa. ¿Pero cómo olvidar las provocaciones incesantes de la vida cotidiana?, ¿cómo perdonar de manera permanente? Sólo es posible conseguirlo recordando nuestra situación, comprendiendo el sentido el sentido de estas palabras en nuestras oraciones de cada noche: “perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Sólo en estas condiciones podemos ser perdonados.

Pero Jesús que es el modelo a seguir para quien tiene fe en él, no sólo predicó el perdón sino que lo practicó innumerables veces. En su vida encontramos abundantes hechos en los que se pone de manifiesto su facilidad para perdonar, lo cual es probablemente la nota mejor que expresa el amor que hay en su corazón: Por ejemplo mientras los escribas y fariseos acusan a una mujer sorprendida en adulterio, Jesús la perdona y le aconseja que no peque más; cuando le llevan a un paralítico en una camilla para que lo cure, antes le perdona sus pecados; cuando Pedro lo niega por tres veces, a pesar de las advertencias, Jesús lo mira, lo hace reaccionar y no solamente le perdona, sino que le devuelve toda confianza, dejándole al frente de la Iglesia. Y el momento culminante del perdón de Jesús tiene lugar en la cruz, cuando eleva su oración por aquellos que le están martirizando: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

La consideración de que el pecado es una ofensa a Dios, que la ofensa adquiere dimensiones infinitas por ser Dios el ofendido, y a pesar de ello Dios perdona nuestros pecados, cuando ponemos lo que está de nuestra parte, nos permite ver la desproporción tan grande que existe entre ese perdón divino y el perdón humano. Por eso resulta muy lógico el siguiente consejo: “Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te perdona Dios a ti”. Y este “más” incluye el aspecto cuantitativo, es decir las innumerables veces que hemos ofendido a Dios y Él ha estado dispuesto a perdonarnos. Por eso, este argumento tiene valor perenne, cualquiera que sea la magnitud de la ofensa que hayamos recibido, y el número de veces que hemos sido agraviados.

Hasta dónde perdonar

Hay ofensas que parecerían imperdonables por su magnitud, por recaer en personas inocentes o por las consecuencias que de ellas se derivan. Humanamente hablando no encontraríamos justificación suficiente para perdonarlas, y es que el perdón no se puede entender, en toda su dimensión y en todos los casos, con esquemas sólo humanos. Sólo desde la perspectiva de Dios podemos comprender que incluso lo que parece imperdonable puede ser perdonado, porque “no hay límite ni medida en el perdón, especialmente en el divino”. El hombre si realmente desea perdonar, debe vincularse a Dios. Sólo así se explica, por ejemplo, el testimonio de Juan Pablo II que sacudió a la humanidad cuando, a los pocos días del atentado del 13 de mayo de 1981, en cuanto salió del hospital, visitó personalmente a su agresor, Ali Agca, lo abrazó, y posteriormente comentó: “Le he hablado como se le habla a un hermano que goza de mi confianza, y al que he perdonado”.

Esta universalidad del perdón incluye también aquellas ofensas que más nos cuestan perdonar: las que padecen las personas que más amamos. Emocionalmente experimentamos en estos casos que, si perdonamos a quienes han cometido el abuso, estamos traicionando el afecto que sentimos hacia la persona ofendido. Pero una vez más será preciso no dejarse llevar por el sentimiento y tratar de distinguir el afecto que sentimos hacia ese ser querido, y la acción de perdonar. Y en la medida de nuestras posibilidades procuraremos concretar el amor buscando el bien de ambas partes: de quien ha recibido la ofensa y amamos naturalmente, mediante la ayuda y el afecto que le convenga, de quien ha cometido la ofensa, a través del correctivo que le facilite rectificar su conducta.

La ausencia de límites y medida en el perdón incluye también volver a perdonar cada vez que la ofensa se repita. La frese de Jesús, “hasta setenta veces siete”, tiene este sentido. Perdonar siempre significa que cada vez que se repite el perdón es como si fuera la primera vez. Porque lo pasado ya no existe. Porque todas las ofensas anteriores fueron anuladas y todas han sido borradas del corazón.

Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él. ¡Qué difícil! Pero hay que intentarlo porque Cristo quiere perdonar, y el hombre necesita ser perdonado, y tú puedes dar ese perdón.

No te canses de perdonar como Cristo, aunque falte mucho para igualar al modelo; no te canses y si además lo tratas de hacer como Él lo haría, ¡mil veces!

Necesitan tus hermanos sentir la mano de Cristo en el hombro, el beso de Dios en la frente; la mano que enjuga las lágrimas. Tú eres esa mano y ese beso de Dios; intenta hacerlo como Dios. Si perdonas como Él, te perdonarán; si enjugas lágrimas con idéntica ternura, ellos te amarán; si les besas en la herida purulenta, sanarán.

¡Qué difícil! Pero tienes que intentarlo, aunque al principio no te salga igual; intenta hasta que seas de verdad ese Cristo en la tierra, ese Cristo que los hombres odian, y que, sin embargo, necesitan más que el pan y el vino. Te necesitan, no te escondas de ellos, aunque sólo en el cielo te lo agradezcan.

Tu corazón debe acostumbrarse a amar y hacerlo con gusto y con amor; tu corazón debe aprender a perdonar, a perdonar mucho, a perdonar con amor. Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él

Mujer resiliente

María del Refugio,

mujer resiliente

En la actualidad es común hablar de resiliencia, y este término nos lleva a la esperanza y a la transformación; de acuerdo a Simpson (2014) la resiliencia es la capacidad que permite a la persona superar las situaciones adversas y lograr una transformación positiva de la situación. Esta primera parte de la definición permite ver dos aspectos, el primero es la situación adversa y el segundo es la situación deseada. La segunda parte de la definición se refiere al proceso dinámico que el sujeto debe seguir en relación al medio en que se desarrolla; es decir que este proceso lo realiza la persona, pero en colaboración con agentes internos y externos.

Por otro lado, Barcelata (2015), en un estudio coordinado con la UNAM, ofrece una definición sumamente sencilla y dice que es “un proceso de adaptación ante la presencia del estrés y riesgo significativo” (p. 5). Considerando entonces que la persona debe ejercitarse en adaptarse continuamente tanto a los agentes externos como a los internos; sobre todo si se habla de adolescentes quienes están en continuo cambio.

Reyzábal y Sanz dicen que es la habilidad que tiene la persona para resurgir de la adversidad, para adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva (p. 37). Debe comprenderse que la resiliencia depende de factores internos y externos que favorecen o no la respuesta de la persona. Son factores internos las características de la persona, tales como el poseer sentido del humor, la flexibilidad, ser autónomo e independiente entre otros. Los factores ambientales son aquellas características que pertenecen a la dimensión social, es decir a su familia, escuela y comunidades en general, estos grupos propician estímulos positivos como el apreciar las cualidades de la persona, mantener una comunicación positiva, expresar asertivamente sus expectativas de éxito, etc.
Se han definido los 7 pilares de la resiliencia de acuerdo a Wolin y Wolin (1993), (citados por Reyzábal y Sanz, 2014) éstos permiten a la persona darse cuenta de los elementos que posee en su interior, para hacer uso de ellos de manera que le ayude a superar las situaciones difíciles. Los pilares son: Introspección, independencia, relaciones, iniciativa, humor, creatividad y moralidad. Es conveniente que la persona reconozca cuánto posee de cada uno de estos pilares para que pueda hacer uso de ellos y convierta así una experiencia negativa en una fortaleza.
Simpson (2014), ofrece elementos para generar resiliencia: Conocimiento personal, conocimiento de los retos y las formas de enfrentarlos, autoconocimiento y autovaloración, pensamiento crítico, ubicación personal, tanto espacial como emocional, capacidad de contar con otros, interrelacionarse, capacidad optimista, sentido del humor, libertad interior que provoca felicidad, del autoconocimiento a la autotrascendencia, jugar, disfrutar, gozar, reír (Simpson, 2014), adaptación, mirar con simplicidad.
Es a partir de estos conceptos que se encuentra mucha relación entre los once elementos y la vida de María del Refugio Aguilar y Torres. La Venerable Sierva de Dios fundó el Instituto de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento en 1910, tiempo de la Revolución Mexicana, momentos de violencia política y civil; años más tarde surge la decena trágica, 1913, en donde atacan a la Iglesia católica, ante estos acontecimientos que ponían en riesgo la fundación naciente, María del Refugio mantiene la alegría “que hace llevaderas las penas y enfermedades” (Foulkes, 1997, p. 310). Esta actitud positiva le permitía mantener su sentido del humor; se mantiene fuerte y lo expresa en una carta a Monseñor Herrera y Piña diciendo que a ella no le amedrentaban asuntos con el gobierno civil y de cualquier manera se procedía a arreglarlos.

Hay muchos detalles a lo largo de su vida en que nos enseñó a vivir con optimismo, con alegría; mujer que supo adaptarse a los continuos cambios políticos, sociales, culturales y educativos. Supo enseñar a sus religiosas el valor de la libertad interior, aunque fuera en contraposición con lo que otros opinaran; se mantuvo fiel y firme en sus ideales. Puede decirse con certeza que María del Refugio vivió en continua resiliencia, es decir en continua transformación de una realidad que parecía ser sombría en un camino de santidad iluminado por la Eucaristía y la Merced.

Esta es parte de la herencia de la Sierva de Dios, nos invita con su ejemplo, a mantenernos con esa capacidad de transformar nuestra vida en historia de salvación, a ser agentes de transformación para otros, llevando esperanza, alegría y optimismo donde más lo necesitan.

 

Herencia carismática

HERENCIA CARISMÁTICA

HERENCIA CARISMÁTICA A TRAVÉS DE NUESTRAS SUPERIORAS GENERALES

INTRODUCCIÓN

 Es de suma importancia, para valorar la riqueza carismática que hemos recibido como Herencia nosotras Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento; que recorramos nuestra historia desde sus orígenes, para descubrir el paso de Dios por nuestro Instituto. Y no sólo descubrir el paso, sino su Presencia Inefable permanente entre nosotros en su Misterio Eucarístico, Gracias al Don, al regalo del Carisma Eucarístico Mercedario que recibiera NVM Fundadora María del Refugio y de su respuesta y fidelidad al mismo, hoy gozamos de esta riqueza.

 

 Pero también merecen un especial reconocimiento nuestras Madres Superioras Generales que al ser (miradas) por la mirada creadora de Dios, para encomendarles su Obra han aportado la riqueza carismática, que han heredado y los dones con que han sido enriquecidas por el Espíritu Santo. Así mismo han sido celosas guardianas y con amor han puesto al servicio del Reino el Carisma original, y éste se ha enriquecido y renovado en su expresión inculturándose o encarnándose para responder a los signos de los tiempos.

 

Así que se hace necesario recurrir a nuestro origen fundante y éste, siempre lo vamos a encontrar, en el Padre creador que despliega su amor infinito y misericordioso, en la obra maravillosa de la creación, por su Palabra; la Liberación por la Presencia de su Espíritu; la Redención por su Hijo Jesucristo; y continúa su obra salvadora por aquellos en quienes pone su mirada creadora. Ya lo dice el profeta Isaías: «En ese pondré mis ojos en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras» (Is.66.2),

H. SILVINA ÁLVAREZ LÓPEZ

CON LA MIRADA EN EL SAGRARIO

MRM MARÍA DEL REFUGIO AGUILAR Y TORRES

Así viviste inmersa en el Misterio,

Donde cada día eras transformada,

Mientras lo mirabas eras mirada,

Por Jesús Eucaristía desde el sagrario.

 

Ahí se incendió tu corazón del Fuego,

Aquel, que ya nadie podrá apagar,

porque fuiste por su Amor transformada en Llama,

que arde ante el Sacramento del Altar.

 

Unida a Jesús Eucaristía,

donde cada día eras transformada,

Mientras lo mirabas, eras mirada,

por Jesús Eucaristía desde el Sagrario.

 

Ahí se incendió tu corazón de aquel Fuego,

y en la Llama de amor fuiste abrasada, 

y a su Hoguera quedaste consumada

Para tu Esposo Eucarístico engalanada.

 

En la Hoguera del Amor de los amores,

han sido ocho las Llamas que han prendido,

y al calor de este Fuego de amor se han consumido,

irradiando las virtudes sus fulgores.

encender y llevar este Fuego, a pesar de los obstáculos y contradicciones, es más, aún en medio de persecuciones.

 El fuego, traído a la tierra por Jesús, para ella se convirtió en un imperativo y por lo tanto éste será el fin del Instituto. Extender por todo el mundo el Reinado

CON LA MIRADA EN LO ALTO

RM MARÍA TERESA CANCINO AGUILAR

 

Con mirada de Fe, puesta en lo alto,

Fuiste educada para ver el cielo,

Allá se dirigían tus miradas,

Ser Hostia pura fue tu anhelo,

Y tu cielo lo viviste desde este suelo.

 

Mis Mechitas enciendan corazones,

El Reino Eucarístico nos apremia.

“Vayan por todo el mundo” Cristo dijo:

Es urgente, que abramos las Misiones.

 Nada te detuvo en esta empresa,

Caminaste como María entre montañas

con la Misión soñabas cada noche

Y lo hacías realidad cada mañana

CON LA MIRADA EN EL INFINITO

RM MARÍA OLIVARES

Escuchaste de viva voz sabios consejos que

Nuestra Madre María del Refugio te hacía.

Se grabó en tu corazón el fuego que en su corazón ardía.,

El amor profundo a la Sagrada Eucaristía.

 

El amor a María fue para ella, el impulso,

que la sostuvo en las grandes penas que no faltarían

pero en su mente estaban vivos los recuerdos, de Nuestra

Madre fundadora, que, por mantener la Obra, ante nada

se rendía.

l Señor mira desde el cielo se fija en todos los hombres.

El modeló cada corazón y corazón y comprende todas sus acciones. (Salmo 32,12-15)

CON LA MIRADA EN EL HORIZONTE

 

RM ERNESTINA PRECIADO

Con la mirada en el Horizonte ya veías,

La urgencia de estar bien preparadas,

Para poder demostrar la fe con obras que hablaran

Bien de las personas consagradas.

 

Que estudien las hermanas fue tu consigna,

además de ser Eucarísticas Mercedarias,

han de ser las que lleven el mensaje del amor

de Jesús Eucarístico, para poder ser fieles al Carisma.

Te instruiré, te señalaré el camino que debes seguir,

te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.” (Salmo 31,8

CON LA MIRADA EN LAS FUENTES

RM MARÍA GUADALUPE SUÁREZ LÓPEZ NEGRETE

Volver a las Fuentes fue la voz del Concilio,

que resonaron fuertemente en la Vida Consagrada,

y tu voz se escuchó muy firme y suave;

 Hermanas la Iglesia nos quiere renovadas.

 La obediencia a esta voz venida de arriba,

se reflejó en tu vida tan sencilla,

pues con fe pusiste en sus manos de Alfarero,

para que remodelara de nuevo la arcilla.

 

Y bajo el soplo del Espíritu, renacía la vida religiosa,

Con la que el Padre celestial había soñado,

un séquito de vírgenes prudentes

Que mantuvieran la lámpara encendida,

para esperar al Esposo tan amado.

 “¡Oh Dios ¡escudo nuestro, mira, fíjate en el rostro de tu Ungido” (Salmo 83,10)

CON MIRADA CARISMÁTICA

RM GUADALUPE AGUILAR CANCINO

Una gran herencia has recibido y enriquecido grandemente, pues no solo llevas de nuestra Madre Fundadora el espíritu, sino que has bebido de la misma Fuente.

Volver a esa Fuente es tu anhelo, a la raíz misma del Evangelio día a día. Y a la Palabra hecha carne que nos alimenta a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.

Deseando de María del Refugio seguir las huellas y con celo ardiente, verla en los altares, promoviste su causa sin importar cansancios y pesares

 

CON LA MIRADA EN LOS ORÍGENES

RM MA DE LA LUZ DEL SC ACOSTA BUSTOS

Allá se han dirigido tus miradas,

buscando en el origen de nuestra historia,

Aquel Fuego que encendió la Llama,

en el corazón de N.V.M. Fundadora.

           Una gran inspiración fue la  Propuesta.

          Y tu mirada se dirigió a las  hermanas

          Que formaran el Equipo, que estudiara

          El Carisma, que es un Don original.

Pues a la Congregación nos interesa,

cómo surgió este dinamismo Carismático

al que María del Refugio dio respuesta.

           Jesús Eucaristía; es la  respuesta

         que el Padre nos envía cada día.

        Para poder llevar a cabo la misión,

       de seguir Evangelizando

       con María a la Luz de la Eucaristía.

CON MIRADA DE FE

RM MA LUISA MENDOZA GRANDE

Sólo con esta mirada se ve la voluntad de Dios,

Para poder servir a esta gran Obra de Amor.

Y continuar enriqueciendo el Carisma original

Que nos ha legado, nuestra Madre María

del Refugio Aguilar.

 

Pues estos tiempos nos exigen gran fe y fidelidad

para seguir extendiendo el reinado universal,

del Amor Eucarístico, en la escuela y en todo lugar

Por donde nos lleve el Espíritu y con María Evangelizar.

Llevando como consigna “Evangelizadas para Evangelizar.”

LA MIRADA CONTEMPLATIVA DEL PADRE.

 

 

En esta pequeña obra sólo consideraremos la mirada contemplativa del Padre, que al término de cada día se complacía en “ver” que todo lo que salía de su Palabra era bueno. Todo lo que la mirada de Dios envuelve lo transforma:

 

Vio el caos y lo transforma en una bella creación.

Cuando vio a su pueblo elegido, esclavo en Egipto. Lo libera

María de Nazaret es mirada, por el Señor y la transforma en Madre de su Hijo. También Jesús al elegir a sus discípulos: “Vio a dos hermanos; Pedro y Andrés el relato del llamado continúa… porque también vio a Leví, y lo transforma en Mateo. Vio a María del Refugio y la convierte en:

UNA HISTORIA DE AMOR

Así es como la mirada de Dios se convierte en Historia de Amor en nuestra Madre Fundadora. Este es el origen divino—humano de nuestra historia carismática, envuelta en la mirada contemplativa del Padre creador, que es rico en misericordia.

 

Decreto de Venerable

MEXICANA

Beatificationis et Canonizationis

Servae De los MARIAE A REFUGIO AGUILAR Y TORRES viduae CANCINO

Fundatricis Congregationis Sororum Mercedariarum a Ss.mo Sacramento

(1866-1937)

Sobre las Virtudes

«Mercedario es aquel que dona la propia vida en gratuidad, para que otros puedan vivir en libertad».

La Sierva de Dios María del Refugio Aguilar y Torres nació en San Miguel de Allende, en el estado mexicano de Guanajuato, el 21 de septiembre de 1866. La mayor de ocho hermanos, creció serenamente bajo la guía de sus padres, que la educaron en el amor de Dios y de los pobres. El día de la Primera Comunión fue para ella un momento importante en su camino espiritual: el amor a Jesús Eucaristía la acompañará toda la vida y la motivará en su dedicación a favor de los más necesitados. A la edad de veinte años contrajo matrimonio con Angel Cancino, matrimonio que fue bendecido por el nacimiento de dos hijos, Angel y Refugio Teresa. Pasados dos años, la Sierva de Dios enviudó y muy pronto perdió también al primogénito. Su dolor fue indecible, pero con la fuerza de la oración y la luz de la fe, renunció a todo y entró a formar parte de la Tercera Orden Franciscano, donde más tarde sería Ministra y Maestra de novicias.

En 1896, durante unos ejercicios espirituales, experimentó una transformación interior profunda que la llevó a centrar su vida en la Eucaristía. A partir de ese momento María del Refugio se dedicó con alegría siempre creciente al servicio de la Eucaristía y a la difusión del culto eucarístico por  medio de la catequesis y el cuidado material de los lugares de culto.

Mientras tanto no descuidaba sus deberes hacia la hija: ésta, de grande, seguirá su ejemplo consagrándose a Dios en la misma Congregación, las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, que la Sierva de Dios tuvo la inspiración de fundar con el objetivo de educar a los jóvenes en el amor a Jesús Eucaristía y extender por todo el mundo su Reino. En 1910 el Instituto inició a regentear escuelas y en 1922 recibió la aprobación diocesana. En un segundo momento la Sierva de Dios, deseando que el carisma mercedario fuese la fuente de inspiración liberadora y estímulo apostólico del mismo, pidió la agregación a la Orden de la Merced, que les fue concedida en 1925.

En aquellos años México atravesaba por una profunda crisis que desembocó en una terrible persecución religiosa: además de privaciones y dolores, fue prohibida cualquier manifestación de culto. La Sierva de Dios afrontó con fortaleza discriminaciones, ofensas e interrogatorios de parte de las autoridades revolucionarias, las cuales clausuraron la iglesia semipública de su instituto y confiscaron el inmueble. Ella, a pesar de todo, con ánimo fuerte y prudente decidió poner a salvo la Congregación. Para ello, envió a sus hijas religiosas a diversas naciones: Cuba, Estados Unidos, El Salvador, Chile, Colombia, España e Italia. Las tensiones acumuladas en estas circunstancias contribuyeron a minar la salud de la Sierva de Dios, cuya vida se apagó, en la Ciudad de México, el 24 de abril de 1937.

El lema “Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía”, usado hoy en día por las hijas espirituales de María del Refugio Aguilar y Torres, exprime la síntesis de su perfil espiritual. La Sierva de Dios, profundamente radicada en la fe, interpretó la propia vida en un horizonte de apostolado, vivido de manera concreta en el servicio a los hermanos, especialmente a la infancia y a la juventud. Su corazón consolaba y animaba cada día a quienes sufren la soledad o carecen de lo más indispensable. Atenta a los signos de los tiempos, intuyó que el Señor la llamaba a empeñarse por la salvación de los niños y de los jóvenes, convencida de cooperar a la transformación de la sociedad promoviendo los valores cristianos en las nuevas generaciones. Ella comprendió con claridad que el hombre ha sido creado para alabar y servir a Dios y que no hay peor esclavitud que ignorar esta realidad. Sensible al sufrimiento, vio en la Eucaristía la auténtica fuente de salvación espiritual e incluso material. María del Refugio afirmaba que en el centro de todas las ciencias está Dios y que sin Dios y sin María Santísima no puede haber auténtica acción educativa y liberadora para construir una civilización de amor. Al servicio de esta intuición dedicó toda su existencia.

El material documental resultó suficiente para reconstruir la vida de esta bella figura de mujer y de consagrada, coherente imitadora de Jesús, plenamente partícipe de su caridad.

En virtud de la fama de santidad, fue celebrado en la Curia Arquidiocesana de la Ciudad de México, el Proceso Ordinario, del 28 de octubre de 1982 al 4 de noviembre de 1993, cuya validez jurídica fue reconocida por la Congregación de las Causas de los Santos con decreto del 17 de junio de 1994. Preparada la Positio, se discutió, según el procedimiento acostumbrado, si la Sierva de Dios había ejercitado en grado heroico las virtudes. El Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos del 22 de octubre de 2013, exprimió parecer favorable. Los Padres Cardenales y Obispos, en la Sesión Ordinaria del 30 de junio de 2015, oída la relación del Ponente de la Causa, S. Eminencia Reverendísima Cardenal Robert Sarah, reconocieron que la Sierva de Dios ejercitó en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y conexas.

Presentada una pormenorizada relación de todas estas fases al Santo Padre Francisco de parte del suscrito Cardenal Prefecto, el mismo Santo Padre, ratificando los votos de la Congregación de las Causas de los Santos, en esta fecha ha declarado:

Constan las virtudes teologales de la Fe, de la Esperanza y de la Caridad hacia Dios y hacia el prójimo, así como las virtudes cardinales de la Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza y de las virtudes conexas, en grado heroico de la Sierva de Dios MARÍA DEL REFUGIO AGUILAR Y TORRES, FUNDADORA DE LAS HERMANAS MERCEDARIAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, para el caso y el efecto de que se trata.

Por último dispuso que este Decreto sea publicado y transcrito en las Actas de la Congregación de las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el 16 del mes de julio del Año del Señor 2015.

 

Angelus Card. Amato, S.D.B.

Prefecto

 

X Marcellus Bartolucci

Archiepiscopus tit. Mevaniensis

Secretario

 

proceso de canonización

PROCESO DE CANONIZACIÓN

VENERABLE MARÍA DEL REFUGIO AGUILAR Y TORRES

 

Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento reconocen la vida de María del Refugio, como un ejemplo de seguimiento de Cristo, en la vivencia heroica de las virtudes de Humildad, caridad y alegría. Para ello se inicia un proceso de reconocimiento de su vida y virtudes, mediante la recopilación de todo el material posible para este fin.

Postuladores

El Postulador es la persona encargada de hacer los trámites ante la Sede Apostólica en la Congregación para la causa de los Santos y preparar todo el material que para ello se requiere. En la causa han trabajado tres postuladores con gran afán tratando de hacer realidad lo que todavía es un objetivo a conseguir; ellos son P. Felipe Nava O. de M. Don Pietro Naruszewicz y el Lic. George Herbert Foulkes, quien continúa con esta misión.

Las hermanas que han colaborado en la causa a través de estos años han sido: Ma. De Lourdes Casillas, M. Ma. De los Dolores Aguilar Santamaría, M. Magdalena Álvarez Organista y M. Guadalupe Aguilar Cancino.

El día 2 de abril de 1982 el excelentísimo Señor Don Ernesto Corripio Ahumada, por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Cardenal de la Iglesia Romana y Arzobispo Primado de México, hizo público el EDICTO, en el que se le reconoce como Sierva de Dios y se abre públicamente el proceso de canonización.

 

Decreto de venerable

En Roma, el 16 del mes de julio del Año del Señor 2015 se publicó el decreto de Venerable de la Sierva de Dios María del Refugio Aguilar y Torres, viuda de Cancino, fundadora de la Congregación de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento.